
En aquellos tiempos lejanos en los que bastaba desear una cosa para conseguirla, vivía un rey que tenía unas hijas muy guapas, especialmente la pequeña, tan hermosa que hasta el Sol se maravillaba cada vez que sus rayos se posaban en el rostro de la muchacha.
Junto al palacio real se extendía un bosque grande y oscuro, y en él, bajo un viejo tilo, brotaba un manantial.
En las horas de más calor, la princesita solía ir al bosque a sentarse a...